jueves, 26 de noviembre de 2009

Cultura: otra visión


Reseñas de libros/No ficción
Gilles Lipovetsky y Jean Serroy: La pantalla global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna (Anagrama, 2009) Por Bernabé Sarabia, lunes, 04 de mayo de 2009 Las coincidencias de Zygmund Bauman y Gilles Lipovetsky resultan sorprendentes pese a sus distintas y distantes biografías. El primero nace en Poznan en 1925 y se educa en el comunismo hasta que el antisemitismo polaco y la nomenclatura soviética le abren los ojos y acaba enseñando en la Universidad de Leeds para convertirse en un oráculo mundialmente famoso. El segundo nace en 1944 y también enseña en una universidad de segunda, la de Grenoble, para desde allí alumbrar el mundo del siglo XXI. El Bauman marxista y antinazi coincide con el Lipovetsky hedonista y lleno de optimismo en contemplar el mundo actual como algo líquido y desestructurado. La teoría de la sociedad líquida del polaco y la de la hipermodernidad del francés contemplan esta era como una época en la que la autoridad desaparece a manos de la seducción, el glamour y la belleza. Una sociedad en la que la comunicación juega un papel central como señala David Morley en Medios, modernidad y tecnología (Gedisa, 2008) o Christian Salmon en Storytelling (Península, 2008).

La pantalla global está construida sobre dos grandes ejes. El primero está marcado por el gigantesco y brillante análisis que Gilles Lipovetsky viene haciendo de la postmodernidad desde que en 1983 publicase La era del vacío, un espectacular despiece de la sociedad postmoderna. El segundo eje de interés se apoya en el impresionante número de películas diseccionadas en estas páginas, debidas sobre todo a Jean Serroy, crítico de cine y experto en la cinematografía de finales del siglo pasado y comienzos del presente.

Acostumbrados como estamos los cinéfilos a que sean los directores de filmes los más frecuentes estudiosos del cine, llama la atención, de entrada, este intento de penetrar en los misterios del arte realizado desde la reflexión académica. Para encontrar algo semejante hay que remontarse a los dos volúmenes de Estudios sobre el cine del Gilles Deleuze de 1986. Libro este último que, sin duda, ha pesado sobre Lipovetsky y Serroy –profesores ambos en la Universidad de Grenoble- y les ha llevado a adoptar lo que denominan un “enfoque global”. Desde ese parapeto han renunciado a la semiótica del cine, tan querida por Deleuze. Al renunciar a estudiar el cine como un sistema autónomo de signos, al no buscar las estructuras del lenguaje cinematográfico ni pretender un análisis fílmico apoyado en una clasificación minuciosa de imágenes, nuestros autores se han instalado en un territorio bien conocido por Lipovetsky: el del cine como hipercine, que establece lazos con la sociedad y la cultura a la vez que transforma nuestra visión de la realidad.

Para nuestros autores la transformación hipermoderna afecta al conjunto de la sociedad e inicia la andadura de la pantalla global. Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación remiten al “nuevo dominio planetario” de la pantallaesfera

Comienza La pantalla global tomando carrerilla en la senda trazada por Lipovetsky en sus últimos libros. Abandonado por ambiguo e inadecuado el concepto de postmodernidad, la realidad estaría marcada por una “modernidad superlativa” que se ha transformado, ya en el siglo XXI, en una hipermodernidad. Tras lo que Lipovetsky denomina “la segunda revolución individualista” está el avance de las tecno-ciencias, el desarrollo de la democracia, los derechos del hombre y el mercado. Esta sociedad del hiperconsumo no se libraría, sin embargo, de contradicciones. “La felicidad paradójica” sería una de ellas. Mientras todo el mundo se declara feliz en las encuestas o en las entrevistas, las depresiones, ansiedades o dificultades para conciliar el sueño, entre otros trastornos nerviosos, siguen en aumento.

En esta exploración de la sociedad hipermoderna, Lipovetsky entra, acompañado por Serroy, no ya en el cine sino en su transformación en hipercine. Dicha transformación es el producto final de una evolución cuyo primer momento lo encontramos en la “modernidad primitiva” que conforma el marco social y político del cine mudo. Griffith, Lang o Murnau son los grandes directores de la época. En un segundo momento, que va desde los primeros años treinta hasta 1950, se despliegan los estudios cinematográficos. Estaríamos en la “modernidad clásica”, época en la que el cine se convierte en el ocio popular por excelencia. Son años en los que las películas se atienen a esquemas narrativos aristotélicos. El espectador debe entenderlo todo desde su butaca. El director es, con pocas excepciones, un engranaje más de una gran producción industrial que utiliza grandes decorados.

El tiempo transcurrido entre los años cincuenta y setenta ejemplifica la modernidad vanguardista y emancipadora. Aparecen los signos que anticipan una ruptura estética. La nouvelle vague francesa, el free cinema inglés, el cine contestatario de la Europa del Este o el cinema nouvo brasileño conforman las vanguardias que anuncian una transformación radical en las formas de hacer cine. Se busca otra manera de escribir guiones, se modifican las reglas del montaje y se impone la juventud como valor dominante. Freud invade Hollywood y el cuerpo se abre paso. Esta modernidad liberadora e individualista rompe el molde del cine clásico. Transcurridos los años ochenta se entra, en opinión de Lipovetsky y Serroy, en una cuarta fase de la historia del cine que transcurre paralela a la dinámica individualizadora y a la mundialización de la economía. “Cuando la revolución no está ya en candelero, el cine experimenta la más radical de su historia”.

En esta sociedad del hiperconsumo, el cine cumple una función narrativa que no sólo mueve conciencias sino que se convierte en un modelo de interpretación del mundo. Esta “cinematización” de la sociedad del siglo XXI se aprecia, según los autores, tanto en las actividades públicas como privadas. “El estilo-cine ha invadido el mundo”

Para nuestros autores la transformación hipermoderna afecta al conjunto de la sociedad e inicia la andadura de la pantalla global. Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación remiten al “nuevo dominio planetario” de la pantallaesfera. Se consagra una “pantallocracia” como resultado de la convergencia de las múltiples pantallas que rigen la vida social. Dicha vida social se construye sobre los cuatro grandes principios organizadores de la era hipermoderna: la teconociencia, el mercado, la democracia y el individuo. En esta sociedad del hiperconsumo, el cine cumple una función narrativa que no sólo mueve conciencias sino que se convierte en un modelo de interpretación del mundo. Esta “cinematización” de la sociedad del siglo XXI se aprecia, según los autores, tanto en las actividades públicas como privadas. “El estilo-cine ha invadido el mundo”.

A cualquier lector de Lipovetsky le consta su optimismo. A lo largo de su obra ha buscado siempre encontrar el lado bueno. La botella ha estado siempre medio llena. ¿Somos cada vez más individualistas? No importa, la solidaridad entre los seres humanos sigue creciendo. El margen de maniobra individual lo interpreta como aumento de la capacidad reflexiva. ¿La moda nos hace conformistas? Todo lo contrario, el mundo es cada vez más diferenciado y creativo y más indiferente a las barreras de clase. La pantalla global es también un texto que rezuma optimismo. Conviene recordar que dicho optimismo no es compartido por autores de la talla de Armand Mattelard, que en obras como Diversidad cultural y mundialización (Paidós, 2006) contempla con alarma de qué modo el control de la comunicación está cada vez más en manos de un reducido número de personas más pendientes de sus beneficios inmediatos que de la democracia o el interés general.

Lipovetsky y Serroy no ven más que ventajas en el mundo “apantallado” en el que, en su opinión, estamos entrando. No les alarma la proliferación de pantallas de vigilancia que desde el Reino Unido como modelo se está extendiendo a lo largo y ancho del mundo. No les inquieta la omnipresencia de la publicidad. Prefieren quedarse con las inmensas capacidades creativas que el cine digital, Internet y los ordenadores ponen a disposición de un número cada vez mayor de personas. Seguramente aciertan, el mundo es hoy más libre y responsable. Quizá quedan zonas oscuras, zonas por las que ambos autores pasan de largo, y tal vez sea un poco forzado considerar el séptimo arte como el referente interpretativo del mundo actual.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Exiliados


Buenos Aires dice adiós a 'su' Francisco Ayala

El escritor Francisco Ayala, en su casa de Madrid. | Afp
El escritor español vivió exiliado durante 11 años en la capital argentina
Fundó la librería 'Ayala', donde acudían Borges, Eduardo Mallea o Bioy Casares
Juan Ignacio Irigaray | Buenos Aires
Actualizado domingo 08/11/2009 08:11 horas Una semana después de su adiós en Madrid, Francisco Ayala recibirá un gran homenaje póstumo en Buenos Aires. De 1939 a 1950 el escritor español vivió exiliado aquí, al igual que muchas otras personalidades de España, y supo ser un destacado protagonista de la entonces animada vida literaria de la capital del tango.

Carolyn Rychmond de Ayala, viuda del Premio Cervantes y catedrática emérita de la Universidad de Nueva York, ha sido anunciada como la visita estelar, invitada por la Oficina Cultural de la Embajada de España. También estarán presentes el escritor y profesor Luis García Montero y Rafael Juárez, secretario del patronato de la Fundación Francisco Ayala.

El próximo jueves 12 se cumplirán 70 años de la llegada del intelectual a Buenos Aires, exiliándose en 1939 de la dictadura franquista, que acababa de fusilar a su padre y a uno de sus hermanos. Ya en 1936, había dado conferencias en Buenos Aires. Al estallar la Guerra Civil Española estuvo en Madrid y fue funcionario republicano, hasta que se exiló.


El escritor, en Buenos Aires. | aecid
De regreso en Buenos Aires se unió a otros integrantes de la llamada 'España peregrina', que eligieron a Argentina como tierra de refugio: el primer presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora; los músicos Manuel de Falla y Miguel de Molina; y los escritores Ramón Gómez de la Serna, Rafael Alberti, y Rosa Chacel, entre otros muchos.

Francisco se afincó en la calle Defensa 440, cerca de la Casa Rosada. Mantenía a su primera esposa y a la hija de ambos, Nina, con su sueldo de profesor y hacía traducciones. Amigo de Antonio López Llausás, responsable de la editorial Sudamericana, no le faltaba trabajo. Con el tiempo pudo pagar los estudios de su hija en un buen colegio bilingüe. También trabó relación con las editoriales Losada y Emecé, ambas de exiliados españoles.

La fundación de 'Ayala'
En mayo de 1940, el escritor pudo salvar a su hermano menor, Vicente, que acababa de ser liberado tras pasar dos años como preso político en Burgos, pagándole el billete en barco a Buenos Aires. "Nuestra familia era republicana. Eramos políticamente liberales y no muy católicos", dijo el hermano en una entrevista que concedió en 2006 al diario 'Clarín', cuando tenía 96 años.

El primogénito consiguió un préstamo y con su hermano fundaron la librería 'Ayala', aún ubicada en la avenida Santa Fe y la calle Sánchez de Bustamante. Aquellos primeros años fueron duros. "Yo trabajaba 18 horas diarias en la librería junto a mi mujer y dormíamos en la trastienda para ahorrar gastos, el local era alquilado", rememoró Vicente.

Por la librería solían ir de visita, entre otros, Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, y Adolfo Bioy Casares. Ellos constituían la flor y nata de la literatura porteña de entonces, todos arropados por la escritora Victoria Ocampo, hija de terratenientes millonarios que invirtió su herencia en la revista cultural 'Sur' y ayudaba a cuanto autor de talento padecía necesidades.

Ocampo y Ayala se habían conocido en 1926 en las tertulias que el filósofo José Ortega y Gasset organizaba en su casa de Madrid. Luego, en Buenos Aires la mujer mecenas le abrió al español las puertas de 'Sur', de sesgo antifascista y la más destacada publicación sudamericana. En esas páginas Ayala publicó en 1939 el 'Diálogo de los muertos' y siguió colaborando hasta 1978.

La etapa argentina del Ayala creador fue prolífica y amplia, desde el ensayo a la literatura. Aquí pudo escribir y publicar muchas de sus obras, tales como 'Tratado de sociología', sus ensayos 'Historia de la libertad' y 'Razón del mundo', sus relatos 'Muertes de perro', 'Los usurpadores', 'El fondo del vaso' y 'La cabeza del cordero'.

El segundo exilio: De Argentina a Puerto Rico
También fundó la revista 'Realidad' con el intelectual español Jorge Luzuriaga, que pasó muchos años en las cárceles franquistas, y el filósofo argentino Francisco Romero. Salieron sólo 18 números pero influyó en el debate cultural con artículos de Jean Paul Sastre, Pedro Salinas, Alfonso Reyes, Borges o Julio Cortázar. Y hasta Leopoldo Marecha publicó allí en 1949 su novela 'Adán Buenosayres'.

Según Ayala, era "una revista de ideas, de sesgo marcadamente ensayístico y crítico, excluyendo de sus páginas los textos de pura invención poética, verso o prosa".

Con la irrupción en 1947 del régimen popular de Juan Domingo Perón y su esposa 'Evita' Duarte, los intelectuales del grupo 'Sur' empezaron a sentirse perseguidos. "Los peronistas no molestaron a Francisco, pero él se sentía sin libertad intelectual", confió su hermano. Entonces, el autor de 'El jardín de las Delicias' buscó nuevos horizontes y se marchó a Puerto Rico.

Desde allí, envió en 1956 un artículo para el diario 'La Nación', que no se atrevió a publicarlo, tal vez por su fuerte sesgo antiperonista. Y finalmente apareció en 'Sur' con el título 'El nacionalismo sano y el otro'. Allí decía: "El peronismo (...) es lo que durante años ha sido Argentina: no un mal sueño, sino una expresión patente de algo que (...) sigue amenazando desde el fondo de esta comunidad, y en último término, desde el fondo mismo de la condición humana".

Por ese artículo, los peronistas -del partido político hegemónico en Argentina- nunca quisieron a Ayala y lo tildaron de "antinacional". Sin embargo, la peronista Cristina Fernández de Kirchner visitó Madrid en 2007, durante su candidatura presidencial, y concurrió al piso del Premio Príncipe de Asturias a saludarle y rendir homenaje.

Al fin de cuentas, Ayala siempre estuvo agradecido a Argentina y a los otros dos países que le dieron cobijo: Puerto Rico y Estados Unidos. "Creo que al exilio le debo todo. En realidad he sido un exiliado toda mi vida, como si esto fuera en definitiva una condición natural de mi biografía. Incluso desde mis inicios literarios", reconoció.
FUENTE: EL MUNDO. ES

sábado, 7 de noviembre de 2009

Claude Levi Strauss


foto diario Clarín
La muerte de Lévi-Strauss: El cazador de símbolos
Tenía 100 años. Había dedicado su vida a estudiar las

estructuras comunes que subyacen a los mitos de diferentes

culturas. Fue más que un antropólogo: descifró el solfeo del

espíritu, o se acercó a ello, a fuerza de rigor y de creatividad

conceptual. Fue perseguido durante el nazismo pero nunca

cejó en su búsqueda.
Por: Roger-Pol Droit
Huellas. Junto con Roman Jakobson, Levi Strauss es

considerado el padre del estructuralismo antropológico.
. 1 de 1

ocos sabios se aventuraron tan lejos como Claude

Lévi-Strauss en la exploración de los mecanismos de la

cultura. Por vías diferentes y convergentes, se esforzó por

comprender la gran máquina simbólica que agrupa todos los

planos de la vida humana, desde la familia hasta las creencias

religiosas, de las obras de arte a los modales en la mesa. La

paradoja de las grandes obras, las que son verdaderamente

decisivas e innovadoras, es que se pueden caracterizar en

pocas palabras.
Podría decirse, por lo tanto, que descifró el solfeo del espíritu.

Por lo menos se aproximó a ello, y mucho, a fuerza de rigor y

de creatividad conceptual. Hablar de un solfeo del espíritu no

es sólo la prolongación de esa metáfora musical siempre

presente en la obra del antropólogo. Ahora bien, hay que

entender esa fórmula de manera literal. Aun en el caso de que

cantáramos, y a diario, los meandros de la vida en sociedad;

aun si conociéramos de memoria las melodías o los

matrimonios; no sabríamos qué es lo que organizó esos

sistemas. La conciencia no nos revela nada de forma

espontánea acerca de los procesos que están en

funcionamiento en el vasto ámbito de la simbología social. Es

por eso que ignorábamos sus reglas de funcionamiento, las

leyes de sus combinaciones. Nos faltaba el solfeo.
Más allá de la diversidad de las melodías, eso explica las

reglas que las engendran: acuerdo, cambio, transformaciones.

Definió las formas (canon, fuga, sonata...) No es errado decir

que la actividad de Claude Lévi-Strauss apuntaba a un objetivo

análogo. Lo que lo atraía era ante todo descubrir las

organizaciones ocultas, las leyes subyacentes en el tornasol

de las apariencias sociales. Había quienes pensaban en la

geología al contemplar un paisaje o reflexionaban sobre las

clasificaciones botánicas al encontrarse ante macizos de

flores.
Es por eso que, más allá de la desconcertante profusión de las

reglas de parentesco, de los tótems o de los mitos, más allá del

aparente caos de los intercambios económicos y las

creaciones artísticas, se concentró en descubrir, más que una

división única y aislada, algunas de las estructuras que los

crearon, independientemente de la voluntad y la conciencia de

los actores.
Esa tarea, en el fondo siempre similar, tuvo varias épocas y

una sucesión de puntos de aplicación. Se concentró primero en

el parentesco, del cual Claude Lévi-Strauss abandonó en su

tesis la cara visible para analizar "las estructuras elementales".

Su obra se concentró luego en el tótem, cuyo enigma aclaró

eliminando el terreno de las aparentes analogías para captar

mejor los juegos globales. También se centró extensamente en

la mitología y con cuatro volúmenes monumentales –de 1964 a

1971– examinó sus transformaciones y su funcionamiento en

sí, independiente de las decisiones individuales, de las

lenguas, de los pueblos y hasta de los lugares y los tiempos.
Esa preocupación por las estructuras, las combinatorias, los

códigos de transformación, aproxima a Claude Lévi-Strauss a

los científicos, sobre todo a los matemáticos. También lo

acerca a los filósofos, que, de Platón a Kant, reconocieron el

lugar central de los procesos formales.
Los mitos "se piensan entre ellos": en eso reside el núcleo de

la obra y lo que ésta tiene, a su manera, de vertiginosa. Por

eso, en el análisis de esos miles de mitos que "se piensan

entre ellos", se responden sin conocerse, se combinan sin que

nadie lo haya decidido, se vislumbran los procesos mentales

universales.
Ese enfoque de un solfeo del espíritu humano prolonga o

acompaña el esquematismo de Kant, la lingüística estructural

de Roman Jakobson o, en el psicoanálisis, la teoría lacaniana

del significante. El resultado es tanto más impresionante

porque ese análisis convoca a pueblos y culturas sin contactos

conocidos entre ellos. El historiador –como Georges Dumézil,

también imbuido de una perspectiva estructural– sólo compara

los mitos surgidos de pueblos cuyos vínculos están

documentados. Al superar ese límite, al comparar, por ejemplo,

los mitos amerindios con los de Japón, Lévi-Strauss abrió

perspectivas teóricas que exceden los límites de la etnología e

interesan a la antropología general y al estudio del espíritu de

los hombres.
Sin duda esa es una marca persistente, a través de desvíos y

exilios, de su profundo compromiso con el rigor de los filósofos.

Muy joven, este hijo de artista (su padre era pintor) dirigió su

atención hacia los conceptos. En 1927 opta por la filosofía y

empieza a enseñarla en 1932. Sin embargo, se aburre con

rapidez y cede al deseo de "vivir una experiencia en

sociedades indígenas". En 1935 viaja a San Pablo, Brasil,

donde enseña durante tres años y realiza varias misiones de

estudio entre los bororo y luego entre los nambikawara en

compañía de Dina Dreyfus, su primera mujer, con la que se

había casado en 1932. Se separaron a su regreso a Francia en

1939. El antropólogo se casó luego dos veces más, en 1945 y

en 1954.
Separado de la docencia como consecuencia de las leyes

antijudías de Vichy, viaja a Nueva York, donde frecuenta a los

surrealistas y se vincula con Jakobson, cuyo aporte fue

determinante para la producción de su obra. El período de

posguerra fue inestable para este investigador cuyas obras

maestras empezaban a publicarse y no contaban aún con el

reconocimiento de las instituciones académicas. Agregado

cultural en Nueva York y luego enviado de la Unesco en India y

Paquistán, en 1950 se incorporó a la École Pratique des

Hautes Études con el apoyo de Dumézil.
En 1955, Tristes trópicos lo hace conocido entre el gran

público. Es un diario de viaje de escritura límpida y sensible,

una meditación sobre el saber y la época de tono muy libre. El

libro fue un éxito literario que pronto se convirtió en un éxito de

ventas y más tarde en un libro de referencia. Muchas de sus

páginas integraron después antologías utilizadas en las aulas.

En el texto vemos a un viajero ya preocupado por los desastres

del planeta, atormentado por la destrucción de la diversidad

humana, pionero de la ecología. Se advierte también su

inclinación por el budismo y sus reservas en relación con el

islam. Estas últimas son tan fuertes, que algunas páginas de

Tristes trópicos a las que en su época no se les prestó

atención, seguramente le valdrían a su autor virulentas

protestas si fueran publicadas en la actualidad.
Luego de la publicación de Antropología estructural (1958) y de

su elección para el Collège de France (1959), Lévi-Strauss

desarrolló una actividad excepcional como organizador y autor

que le valió un creciente reconocimiento internacional.

Después de El pensamiento salvaje (1962) y de los cuatro

tomos de Mitológicas, se hizo evidente que su obra era una de

las más importantes del siglo. Es por eso que resulta difícil

hablar del hombre, de la sociedad o de los intercambios sin

tener en cuenta su aporte.
Los honores se sucedieron. En 1973 se eligió a Claude

Lévi-Strauss como miembro de la Academia Francesa.

Acompañó a François Mitterrand a Brasil en 1985; sus

colecciones de objetos se expusieron en el Museo del Hombre

en 1989 y sus fotografías de Brasil se publicaron en 1994.
En 2005, la Unesco festejaba el sexagésimo aniversario de su

creación y le confió a su antiguo colaborador el discurso de

apertura, discurso que, a pesar de que el orador se aproximaba

al siglo de vida, seguirá siendo un modelo de pertinencia y

lucidez. En el mismo, al referirse a Rousseau –uno de sus

maestros, junto con Montaigne–, destaca las amenazas que

nuestra expansión desenfrenada significan para la naturaleza y

la humanidad. En definitiva, Claude Lévi-Strauss no separaba

la defensa de la diversidad cultural y de la diversidad natural.
En una época vertiginosa, confusa, sumida en la abulia y el

simplismo, Lévi-Strauss pasaba con frecuencia por distante.

Todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo saben en

qué medida ese espíritu universal, profundamente interesado

en la dignidad de todos los pueblos, era accesible, amistoso,

leal y cálido, sobre todo si se le mantenía la mirada, por muy

acerada que ésta fuera.
(C) Le Monde y clarin
traduccion de joaquin ibarburu

viernes, 6 de noviembre de 2009

Gervasio Sánchez para aprender




cccb.org



'No se premia sólo mi trabajo, sino el oficio de fotoperiodista'

Es el primer reportero que recibe este galardón
Antonio Lucas | Madrid
Actualizado viernes 06/11/2009 20:53 horasDisminuye el tamaño del textoAumenta el tamaño del textoGervasio Sánchez (Córdoba, 1959) ha pasado por todas las etapas del fotógrafo de prensa. Desde el callejeo trashumante de los inicios hasta jugárselo todo en una guerra cuando la edad le dio forja para asumir el reto. Entremedias ha estado siempre con los pies en la vida, arrebatado de pasión por el oficio. En busca de aquello que tiene que contarse, que ha de saberse. Principalmente, la realidad de esos atropellos que suceden.


Sánchez, retratado el pasado enero. | Efe
"Perder a tantos amigos es lo más duro que me ha pasado", dice Sánchez.El territorio en el que Gervasio Sánchez ha desarrollado su obra es la denuncia. Y con ese empeño como motor ha realizado series gráficas de enorme impacto por medio mundo, justo esa parte del mundo donde se concentra el olvido, el silencio, la explotación. Esa tarea en marcha fue reconocida el viernes con el Premio Nacional de Fotografía que concede el Ministerio de Cultura y dotado con 30.000 euros.

Buscador de historias
Toda su trayectoria en el periodismo la ha desarrollado como 'freelance' y siempre fiel al 'Heraldo de Aragón', donde colabora desde 1984. "Me dicen que soy el primer fotoperiodista en ganar este premio. Y me alegra. Pero es una forma de reconocer a todos lo que estamos en esta tarea, tantos compañeros que no siempre han sido reconocidos. Y, sobre todo, tantos periodistas que han muerto por cumplir con su deber de informar en distintos puntos del mundo. Pienso en Julio Fuentes, en Julio A. Parrado, en Juantxo Rodríguez, en Miguel Gil, Ricardo Ortega y tantos otros. Perder a tantos amigos es lo más duro que me ha pasado", comenta.

Entre las series más reconocidas de Gervasio Sánchez figuran dos que se han ido convirtiendo en libro primero y después en iconos de los desastres que retratan: 'El cerco de Sarajevo', que realizó durante su estancia en la ciudad en los meses de la guerra de los Balcanes, y 'Vidas Minadas', dedicado a las víctimas de las minas antipersona. "Las fotos están ahí. Y lo dicen todo. Hablar de lo que he vivido en una situación de conflicto forma parte de mi intimidad. Quienes merecen atención son las víctimas. De las que hay que hablar es de ellas, no de los periodistas".

Lleva 25 años metiéndose en problemas para contar las cosas de otro modo con el impacto de una serie de imágenes. Su última excursión está relacionada con las desapariciones de gente por cuestiones políticas. En esta aventura lleva varios años de trabajo y miles de kilómetros buscando esas huellas, los porqués sin respuesta. "Volcado en esto andaré hasta finales de año", afirma. ¿Y después? "Y después ya veremos. Seguir buscando historias. Eso es mi vida. Eso es esta profesión".

sábado, 19 de septiembre de 2009

domingo, 5 de julio de 2009

Siqueiros

El Mural de Siqueiros

Realice una visita virtual

lanacion.com | Revista | Domingo 5 de julio de 2009