lunes, 16 de julio de 2007

AYER Y HOY




EDAD DE LOS -METALES-


En este período, los hombres aprendieron a trabajar los metales. Esto permitió disponer de herramientas más duraderas y efectivas que las de silex y otros materiales pétreos. De este modo se fabricaron hachas para talar bosques, espadas para la guerra y nuevos materiales para la construcción. El primer estadio de esta industria es en la mayor parte del planeta:CALCOLITICO en torno al 4000 aC, se trata del trabajo del cobre, posteriormente las aleaciones del cobre y el estaño o el plomo dan lugar al BRONCE material menos maleable y más duro, un gran salto se da con la fundición en hornos de alta temperatura del HIERRO. Todos estos metales eran conocidos por el hombre pre-neolítico pero éste no conocía las técnicas para su elaboración y manipulación, que requieren altas temperaturas. Antiguamente se pensaba que los pueblos de la Edad de los Metales eran prehistóricos, pero hoy en día sabemos que muchos de ellos ya eran altamente civilizados.

El otro


(...)El periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski reflexiona sobre los modos en que las distintas culturas establecieron contacto a lo largo de la historia y sobre los desafíos que enfrenta la alteridad


(...)Nos toparemos constantemente con el nuevo Otro que, poco a poco, irá emergiendo del caos y el tumulto actuales. Este nuevo Otro podría surgir del encuentro de dos corrientes contradictorias que modelan la cultura del mundo contemporáneo: la globalización de nuestra realidad y la conservación de nuestra diversidad y singularidad. Tal vez, el Otro sea el hijo y heredero de estas dos corrientes. Deberíamos buscar el diálogo y el entendimiento con el nuevo Otro. Los años vividos entre pueblos remotos me enseñaron que la bondad hacia el prójimo es la única actitud que puede tocar el punto sensible, humano, del Otro. ¿Quién será este nuevo Otro? ¿Cómo será nuestro encuentro con él? ¿Qué diremos y en qué idioma? ¿Podremos escucharnos mutuamente? ¿Podremos comprendernos? Me pregunto si tanto nosotros como el Otro desearemos apelar (y aquí cito a Conrad) a aquello que "habla a nuestra capacidad de deleite y asombro; a la sensación de misterio que rodea nuestra vida; a nuestro sentimiento de piedad, belleza y dolor; al sentimiento latente de confraternidad con toda la Creación. Y a la convicción, sutil pero invencible, de una solidaridad que entrelaza la soledad de innumerables corazones: la solidaridad en los sueños, la alegría, la pena, las ambiciones, las ilusiones, la esperanza, el miedo. La que une a los hombres y a toda la humanidad: los muertos a los vivos y los vivos a los que habrán de nacer".

Por Ryszard Kapuscinski Cracovia, 2005

HERRAMIENTAS


Treinta años haciendo de clientes, amigos.

jueves, 12 de abril de 2007